sábado, 26 de marzo de 2016

Sonidos que alimentan el alma.


Un día para una clase de radio, mi profesor pidió hacer un ejercicio bastante sencillo en parejas. El ejercicio constaba de ubicarnos en la Avenida 39. con Carrera 7. en la ciudad de Bogotá-Colombia y uno de los integrantes cerraba los ojos y solo podía escuchar la ciudad, tráfico, personas alegres, ruidos, sonidos o como lo quieran llamar, mientras que el otro sería sus ojos y su concentración solo debería estar en el sentido de la vista.

Es en este momento cuando empieza una experiencia maravillosa, sin saber que un ejercicio de clase podría transformarte a muchos lugares del mundo, quizá hasta lugares imaginarios o soñados. Cuando me senté en la esquina de la av.39 con cra7. mi compañero tomo la iniciativa para el ser mis ojos por un instante, así que yo cerré los ojos y me dispuse a ser su guía sonora. El primer efecto que tuvo mi cuerpo fue miedo...si! miedo, miedo por pensar que depronto nos harían algo por estar dando papaya como dicen aquí en Colombia. pero...no fue así. 

Tráfico, fue lo primero que escuche cuando cerré los ojos, carros pasando de lado a lado, pitos de estos mismos quizá por una urgencia, o porque sí. la gente hablando de sus problemas, felicidades...otros no hablaban solo ponían atención a lo que decían sus acompañantes o bueno tal vez ni siquiera prestaban atención, solo simulaban y por dentro ellos pensando en sus cosas. unos pasaban con prisa, otros se tomaban su tiempo para caminar, esto se sentía con las pisadas sobre en suelo; El terrible sonido de los buses de transporte público, sus frenos, sus arranques, las personas gritando para pedirlo, esto me hizo pensar en una ciudad caótica. Pero no solo pensé en Bogotá, logré transportarme hacia grandes ciudades como lo son New York, Beijing en China, Sao Paulo en Brasil, Nueva Delhi en India, incluso en Mónaco donde es tanta la movilidad y tráfico, que encontrar un estacionamiento es cosa de locos, y si lo encuentras date por afortunado. 

Las palomas, que para mí son una tortura por el simple hecho que aquí en Bogotá se encuentran hasta en el restaurante mas fino y no nos dejen en paz, esta vez me llevaron a uno de los recuerdos mas lindos de mi infancia, "Mi familia y yo en el parque central de Villavicencio, comiendo raspado y corriendo con mis hermanos alrededor de las famosas palomas" hasta llegue a crear en mi mente una ciudad bella con vida, una ciudad natural en donde también tenía espacio para la población y sus locuras de vivir la vida corriendo. Y... es en ese momento es cuando descubro la magia de ver por los oídos, la magia de los sonidos de donde estemos, la capacidad de recordación que un ambiente nos puede dar, y por supuesto la incalculable imaginación que tenemos.

Solo me queda sugerir una cosa...Vive tu vida al máximo, pero sin afanes, sin apuros. Detente... Observa, escucha y ¡Recuerda! Dios te dio la oportunidad de ver sus mas grandes creaciones, aprecialas y no te quejes. 

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